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Almudena Arteaga, 'Premio Princesa de Eboli' 2017

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almudena de arteaga 16122016040webPastrana. 20 de junio de 2017.  El Ayuntamiento de Pastrana va a distinguir 2017 a la abogada y escritora Almudena Arteaga con el 'Premio Princesa de Eboli' 2017. Creado en el año 2013, el galardón reconoce la implicación de sus distinguidos en la defensa del patrimonio local y en la divulgación, en cualquier ámbito, del nombre de la Villa Ducal. El premio, que llega a su V Edición, le será entregado el jueves, día 13 de julio, durante el primer acto de la XVI Edición del Festival Ducal de Pastrana bajo la reja del Palacio Ducal donde estuvo encerrada y murió, en 1592, Dª Ana de Mendoza y de la Cerda, la princesa de Eboli, con todo lo que de sugerente y emotivo  supone para la escritora premiada.

María de Almudena de Arteaga y del Alcázar (Madrid, 25 de junio de 1967) es una escritora destacada en el género de novela histórica. Se da la curiosa circunstancia de que la galardonada es descendiente de Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Eboli, un personaje clave en su vida, en primer lugar porque forma parte de sus ancestros, pero también porque después de haber ejercido la abogacía durante seis años, especializándose en Derecho Civil y Laboral, y de trabajar como documentalista en los libros de 'La insigne Orden del Toisón de Oro' y 'La Orden Real de España', un ensayo histórico, en 1997 publicó su primera novela, que lleva por título precisamente 'La Princesa de Éboli'.

El enorme éxito que obtuvo con él, hizo que cambiara la balanza por la pluma, abandonando el ejercicio del Derecho para dedicarse en exclusiva a la Literatura. “Aquella novela rescató del maltrato histórico y del olvido mediático a la persona y al personaje de la Princesa de Éboli, algo fundamental para Pastrana por lo que ha significado en la promoción turística de la Villa Ducal. Desde entonces la princesa es el icono turístico de Pastrana y uno de los personajes más queridos de nuestra historia. Pero es que además la novela cambió la vida de su autora. Desde ambos puntos de vista hablamos de una hermosa historia que, con todo merecimiento hace, a Almudena de Arteaga, merecedora de este premio”, valora Ignacio Ranera, alcalde de Pastrana.

La escritora confiesa que recibir el galardón “me hace mucha ilusión”,  por el momento del aniversario, pero también por el hecho de que sea Pastrana quien lo haga.  Arteaga cuenta que durante el proceso de escritura de su novela, “mientras recorría las calles a solas, no pude entrar en el Palacio Ducal”. Ya lo había adquirido la Universidad de Alcalá de Henares,  pero aún no habían comenzado las obras de restauración, y estaba cerrado. Sí pudo hacerlo en la Colegiata, “que me fascinó”. Arteaga lo conseguiría pasado un tiempo, acompañando a Tico Medina en la grabación de un programa de televisión. “Percibí entonces que muchas de las cosas, de los escenarios, que contaba en mi novela, respondían verdaderamente, y estaban exactamente distribuidos en Palacio, como yo había imaginado. Así,  Pastrana, que había sido para mí un lugar de ensoñaciones literarias, se convirtió, a posteriori, en la escenificación de mis sueños”.

Arteaga piensa que Ana de Mendoza y Pastrana están unidos por lazos indisolubles y recuerda perfectamente lo que sintió la primera vez que traspasó los muros calizos que diseñó Covarrubias. “Pensé que si cuando muera coincido con la princesa en algún lugar, espero haberle hecho honor y  espero también que no me regañe por nada de lo que yo haya escrito o puesto en su boca”, cuenta. De alguna manera, aquel día la escritora se sintió conmovida por el torbellino de sentimientos  que una vez se desencadenó allí, donde  tanto gozó la princesa, pero también donde tanto sufrió. “Vivió en Pastrana sus momentos más felices; y los más dramáticos, así que sí, sentí un estremecimiento, como si detrás de mi cogote soplara una boca”, sigue.

Más “ebolista” que “teresiana”, al menos en lo que a villa ducal se refiere, la escritora afirma que Pastrana es la tierra adoptiva de la princesa nacida en Cifuentes, y no de Santa Teresa, cuyo paso por La Alcarria fue “fugaz”. Eso sí,  reconoce que le resulta imposible no pensar en la pelea formidable entre dos mujeres de mucho carácter, de armas tomar que sucedió en Palacio. “Más que probablemente, la más dura contrincante que tuvo nunca la Santa, se la encontró en Pastrana”, asegura.

En resumen, para la escritora, la Princesa de Éboli fue la mujer del siglo XVI que define a todas las mujeres del siglo XVI en España. “Fue una mujer fuerte, progresista en muchas cosas, pero que también aceptó el sometimiento a la voluntad de su padre en su infancia y juventud. Fue madre amantísima, mujer enamorada hasta los tuétanos de su marido, Ruy Gómez de Silva, al que creo sinceramente que nunca fue infiel aunque se diga que  tuvo hijo con el rey; también fue amante,  y debió de serlo muy fogosa para encandilar a Antonio Pérez, un hombre que gozaba de gran éxito en la corte, y que quedó cautivado por ella; fue monja porque quiso serlo, quizá para evadirse de sus problemas; y noble y presa. En suma, una mujer llena de cualidades, que además cambió en el transcurso de su vida, aprovechando todas sus virtudes, e incluso convirtiendo en virtud el hecho de ser tuerta”, termina la escritora.

Almudena Arteaga, engrosa en 2017 la lista de galardonados con el premio 'Princesa de Eboli' que inició Esther Alegre (2013), profesora de Historia de la UNED, principalmente por la publicación de su libro 'La Villa Ducal de Pastrana'.

En la segunda edición (2014), el premio recayó en Ciriaco Morón, pastranero de origen humilde quien, gracias a su poderoso intelecto, se convirtió en catedrático de Teología e Historia de las Ideas, forjándose una dilatada y productiva carrera docente tanto en Europa como en Estados Unidos, donde fue durante largos años profesor en la Universidad de Cornell.

En 2015, el galardón lo obtuvo al obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez, artífice principal de que hoy probablemente sea el mayor tesoro de la villa ducal, como es el Museo de los Tapices.  

El año pasado le correspondió a la Orden Franciscana y en particular a la de San Gregorio Magno. El premio ensalzó la conservación y mejora llevadas a cabo por frailes franciscanos menores de San Gregorio Magno en el Convento del Carmen, que ocuparon después de la Desamortización de Mendizábal.